Durante años, entrar a un gimnasio significó aprender una regla no escrita: si quieres ganar músculo "de calidad", el enemigo son los carbohidratos. Arroz, pan, pasta, fruta... todo pasó a la lista negra, mientras la proteína se convirtió en el macronutriente sagrado que había que maximizar sin límite aparente. Batidos por la mañana, pechuga a…